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Me han dejado PLANTA

Publicado por Josep Albet | | Sé el primero en comentar el artículo

Estimado empresario, de un tiempo a esta parte me manifiestan a menudo lo difícil que es contratar personal con un mínimo de compromiso y capacidad de esfuerzo. Trabajar en una peluquería de alto nivel lavando cabezas, ayudando a los profesionales con oficio y aprendiendo ella no parece un trabajo suficiente, fue en un almacén de una empresa de distribución es demasiado cansado, o tener que trabajar algún fin de semana en un hospital es algo que un cierto número del personal de enfermería de hoy, después de haber estudiado un diplomado y sabiendo que el servicio sanitario es de 24 horas 7 días a la semana, no está dispuesto a aceptar. Pero lo peor del caso ya no es que rechacen las condiciones, sino que firmen un contrato y que a los pocos días se despiden con la excusa de otro trabajo más interesante para ellos o simplemente manifiesten su disgusto por la que están haciendo.

Ante la situación, podríamos argumentar que las condiciones laborales que se ofrecen no son aceptables, y quizá sí que en algunas actividades pueda ser así, pero cuando la inquietud aparece también en otros sectores que no son ni el del comercio ni el de la hostelería, no parece que este deba ser el principal motivo. Quiero creer que esto no es una actitud mayoritaria y que los empleadores que manifiestan su queja tienen mala suerte debido a la casi pleno empleo que existe hoy en día. Es decir, que la oferta que corresponde a su demanda es la de un colectivo de trabajadores circulantes que sólo están dispuestos a aceptar unas condiciones muy concretas, las que a ellos les interesen, y que son una minoría. Los mismos datos del empleo lo reafirman y una economía no aguantaría con unos empleados que fueran continuamente rotando de trabajo.

Ahora bien, aunque no sé una actitud extendida, algo se está cociendo, en Salvador Cardús, en un artículo en La Vanguardia del pasado 17 de octubre titulado "Pasar del ascensor", daba algunas pistas cuando planteaba: "¿qué pasaría si el ascensor social dejas de interesar a una buena parte de la sociedad, tanto porque una generosa protección social pública garantizara unos mínimos de bienestar sin demasiadas contrapartidas, como por una renuncia explícita a las ventajas del sistema o por conciencia que no puede seguir por la vía de un desarrollo insostenible o sólo porque el coste subjetivo del esfuerzo para mejorar los niveles materiales fuera sentido como excesivo por las ventajas que estos proporcionan? ". El sociólogo se cuestionaba después de reflexionar sobre diferentes situaciones sociales que a todos nos son fáciles de reconocer cotidianamente (vale mucho la pena la lectura del artículo), ya pesar de manifestar que la renuncia al progreso que estas implican son limitadas, acababa el artículo con una última pregunta: "qué proporción de indiferencia al progreso puede resistir una comunidad política y hasta qué punto puede pagar los costes de falta de contribución al proyecto común?".

Puede ser pues el desinterés por el progreso la causa de la falta de un mínimo de compromiso y esfuerzo? Estimado empresario, si es así, creo que aquellos que legítimamente expresan su malestar cuando alguien los deja plantados a la semana de haber empezado a trabajar, no deberían fijarse tanto en las minorías, en aquellos que por una razón u otra renuncian al sistema - son bien libres de hacerlo o no - y deberían concentra más en aquellos, la mayoría, que mantienen la ilusión por la superación espiritual y material, y en todo caso, si el contenido de esta superación debemos redefinir, hagámoslo, pero lo que es indiscutible es el beneficio de la idea de progreso para la humanidad.

Uno de los fundamentos de este progreso ha sido y es la aspiración a saber más, a ser más cultos y tener más conocimiento, y no por que sí, sino para usarlo, para aplicarlo y construir una vida mejor, y para ello necesitamos de otros conocimientos que se complementen con el nuestro y esto sólo es posible en el marco de las organizaciones, y en ellas son mayoría los que quieren progresar, ya que a fin de cuentas, queramos o no, la Nuestra vida transcurre vinculada a las organizaciones en forma de empleados, clientes, proveedores, administrados, ... Y las organizaciones son una parte nuclear de la vida en sociedad. Ahora bien, normalmente, cuando estas organizaciones necesitan contratar personas, lo que les suele preocupar es que los candidatos tengan las competencias necesarias para poder hacer el trabajo, y probablemente hoy, más importante que sus competencias son sus valores, es decir , antes de saber si podrá hacer el trabajo o no, hay que saber si compartimos o no lo que nos es importante respectivamente, porque si no los compartimos, el conflicto está servido, pero, si lo hacemos, podemos tener un futuro juntos. Las competencias se pueden aprender, los valores son los que son para cada uno, pueden cambiar en el tiempo, o no.

Josep Albet

Dossier Econòmic, 27-10-2007
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