Estimado empresario, durante las últimas semanas no hago más que escuchar y leer la frase "el modelo está agotado". Incluso el jefe de los empresarios españoles, en Cuevas, el dijo, y eso es grave. Si cualquier cosa está agotada, quiere decir que ya no hay más, que ya se ha acabado. Entonces, lo que me pregunto es, ¿quién es el responsable de no haber previsto que el modelo se acababa? ¿Quién es el responsable de no haber previsto alternativas en tiempo suficiente? En definitiva, quién es el responsable de ...?
Probablemente somos todos, la sociedad en su conjunto, pero un poco más aquellos que satisfechos con los resultados a corto plazo que les daba réditos inmediatos no supieron leer el futuro que nos venía.
La frase "el modelo está agotado" me ha hecho recuperar las aportaciones de algunos de aquellos que llamamos "gurús" y que a veces despreciamos por haberlos en él dado este calificativo. El primero es el Charles Handy, quien en 1994, hace diez años, en su libro The empty raincoat: making sense of the future (La edad de la Paradoja, Apóstrofe, 1996) nos hablaba de la curva sigmoidea, es decir, de la curva de los ciclos, la que cuenta la vida; empezamos lentamente, de forma experimental y vacilante, subimos y después bajamos. Pero como el Handy nos decía, hay vida más allá de la curva, el secreto del crecimiento constante es empezar una nueva curva antes de que la primera termine. El lugar adecuado para empezar la es antes de llegar a la cima, donde todavía hay tiempo, recursos y energía. Sin embargo, esto parece claro si no fuera, porque en aquel punto todos los mensajes que nos llegan son que todo va estupendamente, que sería una locura cambiar cuando las recetas actuales funcionan bien. La auténtica energía para el cambio sólo nos llega cuando nos enfrentamos a los problemas cara a cara, como nos pasa ahora. Habríamos tenido que ser autocríticos antes - cosa nada bien vista -, cuando aún no habíamos llegado a la cima. Quizás nos habríamos equivocado, pero ningún problema, pues hubiéramos sabido dónde estábamos. En todo caso, la disciplina de la segunda curva que preconizaba el Handy en 1994, exige que no volvamos a inventar la vida misma, porque eso querría decir perpetuar la misma curva. La segunda curva es siempre diferente, aunque se construya sobre la primera y surge de ella. La paradoja del éxito, es decir, que lo que nos llevó a donde estamos no nos mantendrá, es una lección difícil de aprender.
La segunda aportación que he recuperado es la de Gary Hamel y CK Prahalad (HP) del año 1995, cuando publicaron Competing for the future (Compitiendo por el futuro, Ariel, 1999). Estos autores, en un entorno donde la gestión de la calidad - siempre imprescindible - era el referente, nos decían que había que diseñar empresas de futuro, empresas interesadas en aumentar el numerador del cociente ingresos / costes, ya que la generación del margen a partir de la reducción de los costes es limitada, mientras que la generación del margen a partir de aumentar los ingresos fruto de la innovación no tiene límites. Según ellos, la anticipación del futuro de un sector se fundamenta en una profunda comprensión de las tendencias de la tecnología, la demografía, la normativa y el estilo de vida que puede aprovecharse para modificar las reglas del sector y crear un nuevo espacio competitivo. En definitiva, para anticipar el futuro de un sector concreto tenemos que mirar más allá del sector; tenemos que mirar la sociedad y hemos de imaginar qué es lo que nosotros podemos aportar. Como decían HP la previsión del futuro de un sector es el resultado de tener la inocencia de un niño sobre lo que podría pasar y debería ser, de una profunda e ilimitada curiosidad por parte de los empresarios y ejecutivos, y de una disposición a especular sobre cuestiones en las que uno no es, en ese momento, un experto. La previsión es el resultado del eclecticismo, de la utilización liberal de la analogía y la metáfora, de un espíritu inherente de contradicción, de dejarse llevar por algo más que el cliente y de una verdadera identificación con las necesidades humanas.
El Handy y el HP nos hacen evidente que hay que construir un futuro y que hay que desaprender para volver a aprender; aunque lo hacemos a destiempo.
Estimado empresario, siendo coherente con lo que acabo de escribir, comparto la opinión de Jordi Fortuny en el DE de la semana pasada cuando reclamaba que el DURSI estuviera presente en el pacto de competitividad. Imaginar un nuevo futuro económico para Cataluña e impulsar la I + I + i sin la universidad no va a ninguna parte. Como decía el Handy, la segunda curva es siempre diferente, aunque se construya sobre la primera y surge de ella. Si el modelo está agotado, no reproducimos sus esquemas. No tengamos miedo a innovar.
Josep Albet
Profesor de ESADE
Director de ALBET CONSEJEROS BCN
jalbet@albetconsellersbcn.org



















